Avui us deixo un article d'opinió de l'Eduard Sánchez, al Setmanari L'Ebre del 16 de setembre de 2022. Com veureu fa un tast de la història de la novel·la negra i una fantàstica crítica literària de Bajo el Signo del Lobo.
dissabte, 17 de setembre del 2022
dimecres, 14 de setembre del 2022
Bajo el signo del Lobo, capítulo II
CAPÍTULO II
LA MISIÓN
Barcelona 5 de agosto de
2018.
Como cada mañana, al finalizar mi turno, me dirigí al
Hospital Universitari La Vall d’Hebrón,
aun habiendo transcurrido varias semanas desde su ingreso, no perdía la
esperanza. Conocía demasiado bien al sargento Brennan; sabía que, si alguien
tenía la más mínima posibilidad de salir del coma, era él. Ese hombre me había
adiestrado para superar las situaciones más inverosímiles. Por un momento
recordé cuando me reclutó en la Universidad Autónoma de Barcelona. Estaba
cursando el último año de psicología clínica y empecé a destacar en la
aplicación de terapias cognitivo conductuales; especialmente en la práctica de
la hipnosis. Entró en el bar de la facultad y enseguida me llamó la atención.
El pelo negro azabache y lacio, que le cubría los hombros; la tez oscura y
magra, labrada en arrugas, como de hombre de campo, y su forma de vestir, me
recordaban a los antiguos pobladores de los andes. Yo, en ese momento estaba
solo, sentado en una mesa desayunando. Se dirigió directamente a mí.
—¿Puedo? —preguntó, señalando la silla vacía.
—Por supuesto —contesté mientras le mantenía la mirada.
Disimuladamente, mostró la placa de la policía
autonómica. En aquel momento me llamaron la atención las iniciales que
figuraban en la identificación: ACIP. Inmediatamente concluí que las dos
últimas letras respondían a Investigación de Personas, pero por más que me
esforzaba, no podía descifrar el significado del resto.
—Buenos días, Nil. Soy el sargento Fred Brennan, de los
Mossos de Esquadra, pero puedes llamarme Lobo; es mi nombre de guerra.
En un primer momento no supe reaccionar. No tenía ni la
más remota idea del porqué aquel agente se dirigía a mí como si me conociera de
toda la vida. Cuando me explicó el motivo de su presencia en la universidad y
desveló el significado de las iniciales que aparecían en la placa, pensé que se
trataba de una cámara oculta.
Me detuve un instante a recoger a Asia. Vivía
relativamente cerca de mi casa y habíamos quedado en ir juntos al hospital.
Asia Llop también formaba parte de nuestra unidad. Era una preciosa morena de
ojos verdes. Aún sin estudios superiores, consiguió ganar una plaza en la
policía autonómica. Estudió por libre criminalística y durante cinco años
estuvo destinada al Área Central de Información Exterior, donde su perspicacia
no dejó indiferente a nadie. Hacía dos años que estaba en la ACIP y la verdad
es que nuestra relación, a veces, iba un poco más allá de lo estrictamente
profesional.
Cuando llegamos delante de la puerta de la habitación
325, en la tercera planta, cerré los ojos e inspiré profundamente. Asia me
regaló un beso abreviado y dulce en la mejilla. Entramos y cuál fue nuestra
sorpresa al comprobar que al lado de la cama se encontraban conversando con el
doctor García Torres: el intendente Abelló y la subinspectora Plà.
Inmediatamente nos cuadramos.
—A
sus órdenes, intendente —dijimos Asia y yo al unísono—, reaccionando de manera
instintiva.
—Descansen
—ordenó—. Asia, Nil, ¿Qué tal están?, ¿Cómo van las investigaciones?
—De
momento, nada que no sepa, intendente —afirmó Asia—, la clave de la resolución
del caso la tiene el sargento Brennan. Supongo que la subinspectora le habrá
puesto al corriente.
—Sí,
por supuesto —contesto el intendente—, y dirigiendo su mirada al neurólogo le
interrogo: —¿Doctor, ¿qué tal está?
—En
principio, y salvo complicaciones, nada indica que el coma sea irreversible. El
entramado neuronal que conecta con el tallo cerebral no está dañado, y los
controles EEG muestran que el paciente está estable, dentro de la gravedad. Aun
así, he de confesarles que el equipo de neurología tenemos serios problemas
para identificar el motivo del coma. Los análisis revelan que no hay problemas
de origen tóxico o metabólico. Tampoco se observan lesiones estructurales
producidas por hemorragias o infartos cerebrales, ni lesiones tumorales
infecciosas o por hipoglucemias. Si nos pudieran dar más información sobre cómo
entró en este estado podríamos intentar despertarlo aplicando ultrasonidos
sobre el área cerebral del tálamo. Se trata de realizar pulsaciones de
ultrasonidos de baja intensidad que crean una esfera de energía acústica.
Pueden dirigirse a diferentes regiones del cerebro para provocar su excitación.
Todavía está en fase experimental; pero se podría intentar, si conociéramos las
causas —concretó, García Torres.
—Lo
siento doctor, el juez ha decretado secreto de sumario en esta investigación.
Si lo desea deberá solicitar una orden judicial. No obstante, le puedo asegurar
que este hombre está preparado para salir del coma. Como usted bien dice no es
un coma de los que trata habitualmente —le precisó el intendente.
El
neurólogo abandonó la habitación sin discutir la decisión. La subinspectora Plà
orientó su mirada hacia Eudald Abelló, pidiendo conformidad. Este asintió con
un movimiento de cabeza.
—Asia,
Nil, sé que lo que les voy a pedir les parecerá una locura. No sé si están
suficientemente preparados para realizar el viaje ustedes solos, pero no nos
queda más remedio. El sargento no regresa y el tiempo pasa. No les puedo
mentir: si las cosas se tuercen, podrían no volver jamás y por tanto esto no es
una orden. Dejo la decisión en sus manos.
—Adelante
subinspectora, prosiga. Somos profesionales, y cuando aceptamos entrar en la
UVA sabíamos perfectamente que este momento llegaría —le aseguré.
—Bien.
Nil, usted y Asia viajarán para intentar localizar al sargento y traerlo de
vuelta. En caso de no dar con él procuren averiguar por qué no ha podido
regresar y recopilen toda la información sobre lo que averiguó en referencia al
asesinato. Saben que necesitamos resultados. Los medios de comunicación y la
opinión pública están presionando a la Consejería y al Ministerio del
Interior. El director general de la
Policía está fuera de sí.
—No
se preocupe, subinspectora —puntualizó Asia—. Estamos preparados, no le fallaremos.
—Durante
el viaje el agente Nil estará al mando y el agente Jofre Cortina controlará la
monitorización y los respiradores. Si él, por el motivo que fuera, les indica
que aborten la misión deben hacerlo de inmediato y si alguno de ustedes se encuentra
en una situación de riesgo evidente para su vida deben volver, no quiero
dubitaciones. ¿Queda claro?
—Absolutamente
—le confirmé.
Asia
dio su beneplácito con un gesto.
—Pues
bien, señores, el agente Cortina les espera en la UVA. Tengan muchísimo cuidado;
saben que aquello nada tiene que ver con esto. Les deseo toda la suerte del
mundo.
—A
sus órdenes, subinspectora. Intendente, si no desea nada más, nos retiramos a
iniciar la preparación, de inmediato —le apunté a Abelló antes de salir.
—Nada
más, Nil. Mantengan los ojos bien abiertos.
—Gracias,
intendente. A sus órdenes.
divendres, 2 de setembre del 2022
Bajo el signo del Lobo, Capítulo I
CAPÍTULO I
SIRENAS
Barcelona, 1 de agosto de 1997.
A pesar de la corta edad, hay momentos
concretos de la niñez que a uno le acompañan para siempre torturándolo sin
piedad y, aun queriendo, por mucho que se esfuerce, no pueden borrarse ni con
el paso de los años.
El día, extrañamente,
era frío y de un gris intenso, como si quisiera vaticinar que algo malo podía
suceder. Padre, revisaba los niveles del viejo Citröen Saxo que había adquirido el año anterior. No tenía quejas,
esta vez parecía haber acertado, el vehículo funcionaba como un reloj suizo.
Madre, terminaba de preparar las maletas al tiempo que capeaba las
intromisiones de mi hermana mayor, atrapada en las mazmorras de la adolescencia
pidiendo constantemente atención. En aquellos tiempos se quejaba por todo, la
convivencia con la rebelde no era nada fácil. Sonaba un vinilo de Eros
Ramazzotti, como casi siempre. Madre, tarareaba una y otra vez La cosa más
bella, hecho que revolucionaba todavía más las hormonas de mi querida
hermana; ella era de Celtas Cortos y no soportaba al italiano. Yo, en vacaciones,
era feliz. El hecho de reunirnos con los abuelos —que vivían en Vinaroz—, ver
de nuevo a mis amigos del pueblo, poder patear las calles con ellos, robarle un
inocente piquito a la Lourdes, pescar o simplemente tomar el sol en la playa,
era todo lo que necesitaba en mi vida. En estos momentos, sin pensarlo
demasiado, daría todo lo que tengo por volver a aquellos días.
Estaba nervioso, no
quería olvidarme nada: la caña de pescar, el balón de la suerte, el saco de
canicas, un par de libros del Capitán Trueno, unos cuadernillos Rubio… y los
deberes: si me los dejaba no había opción al resto de planes.
Padre, lo tenía todo
dispuesto: el vehículo a punto y la baca a rebosar; a mí me recordaba la Torre
de Pisa; nadie entendía cómo aquellos trastos podían mantener el equilibrio.
—¡Todos al coche!,
venga que en esta familia no hay forma de arrancar —vociferó padre, mientras
intentaba ordenar el maletero para que cupiera la última bolsa. Le notaba
alterado.
Justo al arrancar el
vehículo empezó a lloviznar. El humo de los cigarrillos que padre consumía, sin
medida, se hacía insoportable. Ese día estaba más irritable, como cuando
llegaba a altas horas de la madrugada y discutía con madre. Mi hermana y yo nos
entreteníamos chinchándonos el uno al otro, hasta que madre lanzaba por
sorpresa su largo brazo e impactaba con violencia en el rostro más próximo. El
silencio no perduraba demasiado. Es ahora cuando reconozco que no se lo
poníamos nada fácil, a padre, para no perder la concentración.
Tomamos la AP7, iba a
rebosar. El tráfico denso no permitía avanzar a la velocidad deseada. El viaje
se intuía largo. El tiempo empeoraba. La lluvia era ya un diluvio; el limpia no
daba abasto en expulsar la cortina de agua que se suicidaba contra la luna
delantera. Padre, se aproximaba al cristal como si ganando esos centímetros
pudiera ver algo mejor. Era un hombre prudente en la carretera, especialmente
cuando los pasajeros éramos nosotros. Madre, seguía enfrascada en la lectura
del Hola; le encantaban los
cuchicheos de la prensa rosa. A medida que nos íbamos alejando de la urbe, el
tráfico se hacía más fluido. Al llegar a la altura de Cambrils, la visión del
asfalto era prácticamente nula; padre esforzaba la vista achicando los ojos y
resoplando como un toro bravo a punto de embestir. Hubiera querido parar, pero
después de calibrar las opciones llegó a la conclusión que era más peligroso
detenerse en el arcén, que no seguir la marcha.
De repente, apareció
un vehículo rojo que circulaba por el carril de aceleración a una velocidad endiablada;
intentaba incorporarse a la vía. Padre, puso el intermitente para desplazarse
al carril exterior y darle paso, cuando advirtió que un tres ejes enorme, le
estaba adelantando. Intentó una maniobra evasiva.
—¡Sujetaos! —ordenó—,
mientras se aferraba con fuerza al volante sin apartar la vista del retrovisor.
El impacto fue
brutal. El vehículo rojo se encastó contra el lateral derecho del Citröen. Sólo recuerdo un ensordecedor
estruendo, agua, frío intenso, voces y sirenas.
Cuando desperté, con
la boca pastosa y un olor desagradable que me agobiaba, me extrañó no ver a mis
padres en la habitación del hospital. Eran los abuelos por parte de madre quien
custodiaban la cama; los de parte de padre habían fallecido hacía unos años.
Estuve muchos días postrado en aquel camastro; no podría decir cuántos. Aunque
pregunté una y mil veces por ellos, nunca contestaron; rápidamente desviaban la
conversación a temas banales.
Una mañana se abrió la puerta de la habitación
y apareció lo que quedaba de mi padre. Estaba demacrado, parecía que hubiera
transcurrido una eternidad. Andaba con dificultad y sus ojos, engullidos en lo
más hondo de las cavidades, me transmitían que había huido lejos, muy lejos.
Mis abuelos —siempre al pie del cañón—, sin mediar palabra y cabizbajos,
salieron del cuarto. Fue entonces cuando sentado al pie de la cama, padre, me
dijo que mi hermana y madre habían fallecido, su cuerpo se encogió hasta casi
desaparecer.
No fue hasta unos
años después que padre me confesó que el joven del vehículo rojo —que, según
él, dio positivo en el control de alcoholemia—, salió prácticamente ileso del
choque.
A veces, sobrevivir
es mucho más complicado que perder la vida. De forma incomprensible, supongo
que gravemente afectados por las pérdidas, mis abuelos nunca más pasaron por
casa. Me llamaban una vez por semana, para saber de mí; sus voces se
debilitaban a cada conversación. A los pocos meses murió la abuela Teresa; su
corazón no soportó la terrible penitencia de perder a una hija y una nieta; el
sufrimiento acabó con ella. Al año, el abuelo Teo falleció de pena. Tan solo me
quedaba padre. Su carácter cambió por completo. Aquel hombre rudo y retraído,
supo hacer de madre, de psicólogo y de amigo, pero mi infancia se había perdido
entre la lluvia de aquel desgraciado agosto.
dilluns, 29 d’agost del 2022
Del sopar de quinta del 66
Avui, sopant, passejava la vista al meu entorn i he tornat a volar per aquells anys d'escola a l'estela del franquisme, encara. Records d'ampolles de llet a l'hora del pati, de files exactes de bates a ratlles, d'aules presidides pel crucifix, d'aquell posar-se en peu marcial a l'entrada del mestre, del tacte de la regla de fusta a la punta dels dits, per corregir malifetes, del so del vell piano... quants records d'aquell piano. I dels riures innocents i del primer bes furtat i dels somnis de quan ens encetàvem sense saber encara que ens oferiria el destí. I després de cinquanta-sis anys navegant per aquest immens oceà de la vida, de tempestes i colls de mar, de remar incansables a contracorrent, de remendar veles esgarrades i de perdre alguns tripulants, que sempre romandran en el nostre record: Julio, Carlos, Josep, la Jana i la Dolors; tornem a ser junts.
divendres, 26 d’agost del 2022
Una de corsaris
L'Ametlla de Mar, a 25 d'agost de 2022.
Avui us explicaré un conte d'aquells
que no et deixen dormir, l'he titulat: La gran mentida, i va de
corsaris.
De ben menut, els
pares, et van inculcant el que han de ser els pilars fonamentals de la teua
vida per obtenir el reconeixement de la societat. Podríem dir que són
l'adaptació lliure dels deu manaments de l'arrelada cultura cristiana; n'anirem
parlant en aquest particular dietari. Avui ens centrarem únicament en el fet de
tenir, almenys, un habitatge en propietat.
Com una gota
d'aigua (o una llàgrima) que va caient, dia a dia, en un mateix punt de la roca
i acaba fent forat, aquest mantra que es va repetint durant la primera
etapa de la nostra vida s'assola entre les nostres creences com una veritat
absoluta.
I arriba el dia.
Amb tots els estalvis que has anat arreplegant amb incomptables hores de feina
i, en la majoria de les ocasions, lligat a una entitat bancària, que han
rescatat amb els teus diners, fins que et moris, tal com marquen les lleis del
capitalisme, t'embarques en la compra d'una propietat "privada"
pagant no tan sols el preu de l'habitança sinó també tots els impostos que et
reclama l'administració.
No transcorre
massa temps quan t'adones que la crua realitat és que la casa, tot i haver-la
comprat, mai serà teva.
De cop et
descompten del teu compte bancari l'Impost de Bens Immobles, que diuen hauràs
de desemborsar durant tota la vida i que si no satisfàs t'embargaran. No té res
a veure amb el servei de recollida de brossa, l'abastiment d'aigua o el
subministrament d'electricitat, que ja pagues a banda. A més, el teu habitatge
és una finca rústica i no utilitzes cap d'aquests serveis, tens pou propi,
plaques solars i no et passa ningú a recollir la brossa: tot comença a ser
estrany.
La casa l'has
comprat de segona mà i necessita algunes petites reformes. T'informen que no
pots fer res sense el vistiplau de l'administració i per descomptat pagar unes
taxes, per no se sap ben bé que: «doncs no era meua», penses, incrèdul.
De cop, un dia es
presenta un senyor a la finca i et diu que et ve a instal·lar un comptador
d'aigua al pou que tu t'has fet i del que has pagat tots els impostos i
llicencies.
⸺A partir d'avui cada mes us passarem el
rebut de l'aigua que aneu consumint ⸺et diu. Et poses les mans al cap!
La finca és prou
gran, una hectàrea dona per poder fer prou coses, n'estàs satisfet de
l'adquisició. Tens dos fills i, per tant ⸺com a bon pare⸺, decideixes construir una altra casa i
d'aquesta manera els hi podràs deixar una a cada fill. Intervé l'administració
i et diu que d'això res, que al teu terreny no pots edificar, ja que ells no
l'han declarat urbà: «doncs no era meu», penses, incrèdul. I per poder deixa'ls-hi
alguna cosa, t'obliguen a adquirir un altre habitatge en sòl urbà a un preu
desorbitat; però com a bon ciutadà ho acceptes i pagues tot el que et demanen.
Vist que no pots
fer res a la teua propietat, decideixes vendre-la. Hisenda alça el dit i et
comunica que si tanques la venda els hi hauràs de satisfer una bona part dels
diners que obtinguis, i l'ajuntament també alça la mà i reclama una paraula
estranya: la plusvàlua. «Doncs no era meu», penses, incrèdul.
Et repenses i
decideixis donar-ho tot als fills i anar-te'n de lloguer; però: sorpresa!,
l'administració torna a alçar la mà i els hi reclama als teus successors una
part de les propietats que tu vas pagar en el seu dia i que has continuat
pagant religiosament durant tots aquests anys, cap cot i sense obrir la boca
penses: «doncs no eren meues».
Certament, els
impostos són necessaris per poder mantenir l'estat del benestar i les
administracions públiques. Estàs d'acord en pagar un impost sobre qualsevol
cosa que puguis comprar, tot i ser de primera necessitat, estàs d'acord en el
fet que més de la meitat del preu del carburant que necessites per anar a
treballar siguin impostos o que tot i pagar l'impost de circulació et cobrin
per circular per les carreteres, estàs d'acord en el fet que l'Estat es quedi
amb una bona part del teu sou, estàs d'acord amb el fet que els corsaris de
corbata i camisa blanca, t'abordin constantment i es reparteixin tot allò que
et van furtant, perquè el més important, no ho oblidis mai, és que finalment
ets propietari.
dilluns, 22 d’agost del 2022
Del retrat de Joan Rebull
De vegades la vida et sorprèn gratament. Ara fa uns dies, vaig descobrir en una pàgina de Facebook: La Cala en imatges (https://www.facebook.com/groups/lacalaenimatges), un retrat al pastel, que el reconegut pintor calero Joan Rebull havia fet de mi, acompanyat d'unes boniques paraules que em van arribar a l'ànima i que em van sorprendre més que la mateixa pintura.





